jueves, 17 de agosto de 2017































CÉSAR. - ¿Cómo puede evitarse que se cumpla lo que hayan dispuesto los altos dioses? No obstante, César saldrá, pues esas predicciones lo mismo se dirigen al mundo en general que a César.
CALPURNIA. - Cuando muere un mendigo no aparecen cometas. La muerte de los príncipes inflama a los propios cielos.
CÉSAR. - ¡Los cobardes mueren mil veces antes de expirar! ¡El valiente nunca saborea la muerte sino una vez! ¡De todas las maravillas que he oído, la que mayor asombro me causa es que los hombres tengan miedo! ¡Visto que la muerte es un fin necesario, cuando haya de venir, vendrá!

Julio César
William Shakespeare
Segundo acto
Escena I

martes, 30 de mayo de 2017

SR. SMITH (a los esposos MARTIN) : – Ustedes que viajan mucho deberían tener, no obstante, cosas interesantes que relatarnos.
SR. MARTIN (a su esposa): – Diles, querida, lo que has visto hoy.
SRA. MARTIN: – No merece la pena, no me creerían.
SR. SMITH: – ¡No vamos a poner en duda su buena fe!
SRA. SMITH: – Nos ofenderían si pensaran eso.
SR. MARTIN (a su esposa): – Les ofenderías, querida, si lo pensaras.
SRA. MARTIN (graciosa): – Pues bien, hoy he presenciado algo extraordinario, algo increíble.
SR. MARTIN: – Apresúrate a decirlo, querida.
SR. SMITH: – Nos vamos a divertir.
SRA. SMITH: – Por fin.
SRA. MARTIN: – Pues bien, hoy, cuando iba al mercado para comprar legumbres, que son cada vez más caras. . .
SRA. SMITH: – ¡Adonde va a ir a parar eso!
SR. SMITH: – No debes interrumpir, querida, malvada.
SRA. MARTIN: – Vi en la calle, junto a un café, a un señor, convenientemente vestido, de unos cincuenta años de edad, o ni siquiera eso, que. . .
SR. SMITH: – ¿Quién? ¿Cuál?
SRA. SMITH: – ¿Quién? ¿Cuál?
SR. SMITH (a su esposa): – No hay que interrumpir, querida; eres fastidiosa.
SRA, SMITH: – Querido, eres tú el primero que ha interrumpido, grosero.
SR. MARTIN: – ¡Silencio! (A su esposa.) ¿Qué hacía ese señor?
SRA. MARTIN: – Pues bien, van a decir ustedes que invento, pero había puesto una rodilla en tierra y estaba inclinado.
SR. MARTIN. SR. SMITH, SRA. SMITH: – ¡Oh!
SRA. MARTIN: – Sí, inclinado.
SR. SMITH: – No es posible.
SRA. MARTIN: – Sí, inclinado. Me acerqué a él para ver lo que hacía..
SR. SMITH: – ¿Y?
SRA. MARTIN: – Se anudaba las cintas de los zapatos que se le habían soltado.
Los OTROS TRES: – ¡Fantástico!
SR. SMITH: – Si no lo dijera usted, no lo creería.

LA CANTANTE CALVA
de Eugène Ionesco
ESCENA VII

viernes, 28 de abril de 2017