viernes, 22 de enero de 2021

releído en estos días









Lunes, 11 de mayo de 1987 – Almuerzo en La Biela con Oscar Peyrou (sobrino de mi amigo), que trabaja en España, para la Agencia EFE, y está por unos días en Buenos Aires. Me cuenta que la última vez que estuvo Borges en España, lo llevaron por los corredores del aeropuerto de Barajas, en una silla de ruedas. Los periodistas, los fotógrafos y la gente que lo esperaba, lo rodeaban y hablaban mientras avanzaba por los largos corredores. En un momento en que ese gentío se apartó un poco, él se acercó a Borges y le dijo quién era. Borges exclamó: “Oscar Peyrou, el sobrino de Manuel”, y lo tomó fuertemente de la mano. Yo pensé: “El nombre ‘Peyrou’ fue para Borges, en ese momento, entre extraños, un talismán que le evocaba todo el mundo en que había vivido y que ahora se desvanecía.” 


Del libro BORGES, de Adolfo Bioy Casares 
(recopilación de los pasajes de las memorias de Bioy en que habla de Borges)

lejos se quema la casa

el dedo en el ojo


 

domingo, 20 de diciembre de 2020

vino carta de H.O.
























(...) Resulta que, hace unos días, un amigo que tenemos en común, y que usted no conoce, armó una farra para festejar el cumpleaños de una publicación que saca en el barrio. El pobre no consigue vender un aviso ni que vengan degollando, y se rompe el lomo y, claro, para esos días andaba medio descorazonado. Total que le mandé unos versos, porque a él le andaba dando vueltas en la cabeza el asunto de si imprimir la revista en una Minerva Centenario o en una Rotaprint de planchas de aluminio. Así que arranqué para el tema de la tinta. Entonces me acordé de usted, que, por lo menos cuando vivía en Julián Álvarez, a la altura de Charcas, si mal no recuerdo, siempre andaba con las manos enchastradas en tinta (especialmente la zurda). Parece que el amigo, buen poeta el tipo, dijo nomás los versos para la tinta, y, según sé, le voló más de una silla por la cabeza. Era de esperar. Yo no fui, porque justo por esos días tenía que ir a Rosario a ver si le cobraba unos pesos al Cabeza Pandolfo, que anda medio escapado y uno anda medio necesitado. 















en escuchando...


 Mozart

viernes, 18 de diciembre de 2020

sobre “los equilibristas”


























-¿Quiénes son esos hombres, los “equilibristas”? -No lo sé. Por momentos pienso que podrían verse como una serie de “autorretratos indirectos”, si es que existe esta expresión. Me parece que el proceso creativo tiene mucho de suerte de equilibrista. Equilibrio entre técnica y expresión, entre seducción y comunicación… El equilibrio entre lo atractivo y lo expresivo, por ejemplo. Muchas veces debemos renunciar a efectos superficiales, a lo “bonito”, que sólo consigue distraer de lo que realmente comunica en una obra. Por el contrario, un exceso melodramático en el intento de buscar la expresividad puede neutralizar la misma capacidad de comunicación de una obra. (…) Hay un terreno de fronteras difusas en el que lo insinuado, lo ligeramente equívoco, lo elusivo, dice más que lo mostrado frontalmente y sin matices. El artista debe dejarle un espacio a la persona que se pone frente a su obra para que integre su propia capacidad de evocación y su entramado afectivo a lo que está viendo. Pienso que la obra de arte, cuando es legítima obra de arte, siempre nos propone preguntas, a diferencia de lo meramente decorativo. La obra decorativa da respuestas, certidumbres. ¿Por qué me pregunta Ud. quienes son mis personajes? Tal vez porque yo, de alguna manera que no acierto a explicar, le induzco a algún tipo de intranquilidad por medio de ellos. A Ud. le surge la interrogante sobre quienes son. De hecho, yo no me propongo dibujar o pintar determinados personajes. Yo entro en un proceso de intercambio con la superficie sobre la que trabajo y con los materiales con los que trabajo. Hay que saber dejarse llevar por la obra en construcción. Hay que saber “escuchar” lo que está pasando entre el gesto de la mano que traza una línea sobre la tela y la línea ya plasmada que nos sugiere caminos que pueden diferir de nuestra idea original. Borges decía: “es la puerta la que elige, no el hombre”, y, en parte, resume lo que quiero decir sobre el proceso creativo. Es el cuadro el que manda y no el artista, por lo menos en mi caso. Es un ejercicio de modestia frente a lo que se está desarrollando ante nuestros ojos. Claro, todo esto es relativo y sí existe una técnica para equilibrar voluntad y sorpresa. En cualquier caso todas estas son interpretaciones posteriores y producto de la experiencia, nunca intentaría teorizar a priori. Es mi propia experiencia, nada más. Lo que dije antes: aspiro a provocar preguntas, no a ofrecer respuestas.
del libro "Miguel Ruibal" editado en 2005 en Catalunya

en escuchando...


 Crazy He Calls Me

lunes, 14 de diciembre de 2020

de un cuaderno abandonado de H.O.:


























OBITUARIO

los ojos, por perdidos, 
dados las señas: 
sombra de los pies al parto 
 así hasta que la señal cesa 
 (y siempre cesa) 

 H.O.