martes, 30 de mayo de 2017

SR. SMITH (a los esposos MARTIN) : – Ustedes que viajan mucho deberían tener, no obstante, cosas interesantes que relatarnos.
SR. MARTIN (a su esposa): – Diles, querida, lo que has visto hoy.
SRA. MARTIN: – No merece la pena, no me creerían.
SR. SMITH: – ¡No vamos a poner en duda su buena fe!
SRA. SMITH: – Nos ofenderían si pensaran eso.
SR. MARTIN (a su esposa): – Les ofenderías, querida, si lo pensaras.
SRA. MARTIN (graciosa): – Pues bien, hoy he presenciado algo extraordinario, algo increíble.
SR. MARTIN: – Apresúrate a decirlo, querida.
SR. SMITH: – Nos vamos a divertir.
SRA. SMITH: – Por fin.
SRA. MARTIN: – Pues bien, hoy, cuando iba al mercado para comprar legumbres, que son cada vez más caras. . .
SRA. SMITH: – ¡Adonde va a ir a parar eso!
SR. SMITH: – No debes interrumpir, querida, malvada.
SRA. MARTIN: – Vi en la calle, junto a un café, a un señor, convenientemente vestido, de unos cincuenta años de edad, o ni siquiera eso, que. . .
SR. SMITH: – ¿Quién? ¿Cuál?
SRA. SMITH: – ¿Quién? ¿Cuál?
SR. SMITH (a su esposa): – No hay que interrumpir, querida; eres fastidiosa.
SRA, SMITH: – Querido, eres tú el primero que ha interrumpido, grosero.
SR. MARTIN: – ¡Silencio! (A su esposa.) ¿Qué hacía ese señor?
SRA. MARTIN: – Pues bien, van a decir ustedes que invento, pero había puesto una rodilla en tierra y estaba inclinado.
SR. MARTIN. SR. SMITH, SRA. SMITH: – ¡Oh!
SRA. MARTIN: – Sí, inclinado.
SR. SMITH: – No es posible.
SRA. MARTIN: – Sí, inclinado. Me acerqué a él para ver lo que hacía..
SR. SMITH: – ¿Y?
SRA. MARTIN: – Se anudaba las cintas de los zapatos que se le habían soltado.
Los OTROS TRES: – ¡Fantástico!
SR. SMITH: – Si no lo dijera usted, no lo creería.

LA CANTANTE CALVA
de Eugène Ionesco
ESCENA VII

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